#12 - Volver a Machu Picchu
Por fin, un día de primavera para darme un respiro de la ola polar que trajo un invierno como no sentía desde 2013 y de un bajoneo estacional que me visita cada tanto desde que llegué a Buenos Aires. Tengo un turno con la oftalmóloga cerca de mi casa, así que salgo a caminar a pasos lentos para disfrutar cada rayo de sol que atraviesa las hojas de los históricos árboles de Olivos.
 
Mientras espero que me llamen desde el consultorio, un grueso libro entre otros que decoran la mesa de centro de la sala de espera atrae mi mirada perdida. Es la primera vez que lo veo, aunque haya ido a la doctora unas tres veces en los últimos cinco meses. En su lomo, el título: “1001 lugares históricos que hay que ver antes de morir”. En la tapa, una típica foto de Machu Picchu. Recuerdo que tengo pendiente escribir hace semanas un texto sobre Gabriela Wiener y Huaco retrato.
 
La oftalmóloga me llama, mira mis estudios y empieza a comentar los resultados con una voz que voy dejando de escuchar poco a poco, mientras la mía, en mi mente, pregunta por qué todavía no escribí el texto. Vuelvo a escuchar a la doctora cuando me dice que está todo bien con mis ojos y que nos vemos dentro de un año. Salgo del consultorio buscando Machu Picchu en la mesa de centro, y por un segundo me atrevo a sentarme otra vez a hojearlo. Pero mi insistente voz me convence de volver a casa para hojear mi cuaderno de notas.
 
Gabriela Wiener es una escritora peruana migrante en España autora del libro Huaco retrato. La historia empieza con una visita a un museo etnográfico en París donde encuentra huacos —piezas prehispánicas hechas a mano— que se parecen a ella y “que fueron arrancadas del patrimonio cultural de mi país por un hombre del que llevo el apellido”, el explorador austríaco-francés Charles Wiener, supuestamente su tatarabuelo, quien estuvo cerca de descubrir Machu Picchu. A cada página del libro, acompañamos a la autora en una especie de excavación arqueológica de su pasado que desvela una herencia familiar fragmentada, mientras busca su propio “yo”.
 
Puedo decir que conozco al menos uno de los 1001 lugares históricos para visitar antes de morir. Machu Picchu fue mi segundo viaje internacional sola, en 2009. Luego de una caminata turística por la ciudad histórica, decidí sentarme en uno de los puntos altos del lugar, mirando al Wayna Picchu, que se destacaba en el horizonte de montañas. El día estaba fresco y húmedo, pero el cielo estaba despejado con Inti listo para recibir sus ofrendas. Y el río Vilcanota cantaba junto a los pájaros que sobrevolaban las ruinas.
 
Me desesperé por conversar con alguien, contar lo que estaba viendo. Agarré el celular prestado de una amiga peruana que llevaba conmigo por seguridad, ya que había dejado el mío de Brasil porque no funcionaba bien allá arriba en aquella época. Pero no tenía ningún número en la memoria, salvo el de mi mamá. Así que la llamé para decirle que estaba en Machu Picchu y empecé a llorar emocionada por haber realizado el sueño de la adolescente que quería conocer los lugares que veía en las fotos de los libros de historia del colegio.
 
Pero leer Huaco retrato me hizo pensar que mi llanto no era solamente por el sueño de la adolescente, una explicación naíf (y tal vez egoísta), pero entendible para una joven de 25 años. También lloraba por sentirme engañada por una historia que me presentó el Perú desde la mirada de los descubridores europeos, por las misiones científicas que creían rescatar el pasado de una tierra salvaje y sin civilización. Me sentí avergonzada por haber tardado tanto en escuchar el otro lado de la historia.
 
Perdón si me escapé de la propuesta inicial de escribir sobre el libro. Así como Gabriela, necesité reconstruir mi memoria fragmentada en este texto. Lo escribí y reescribí varias veces, en una búsqueda de mi propia historia y de una escritura que también necesitaba descolonizarse y despatriarcalizarse.
 
Rafa Aguiar
 
 

Este texto forma parte de la columna Entrelíneas y fue enviado originalmente a través del newsletter Correo Ohlindero el 9 de octubre de 2026. Si querés recibir los próximos antes de que se publiquen acá, podés sumarte al Correo suscribiéndote aquí.